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Como el hijo de la periodista más famosa de México, Emilio Aristegui Flores está acostumbrado a que la gente enloquezca por un momento del tiempo de su madre.

Carmen Aristegui, la perspicaz investigadora y defensora de la libertad de prensa, constantemente llama la atención de sus colegas periodistas y de los ciudadanos en la calle, por igual. En un país gobernado por poderosas y corruptas personas, Aristegui, una mujer implacable con su micrófono, ha sido una inspiración — una irritante — para muchos. Para Emilio, de 18 años, es una dinámica con la que ha crecido y que, para él, tiene todo el sentido. Lo que le cuesta más trabajo entender es que su propio gobierno se esfuerce lo suficiente como para desplegar herramientas de espionaje multimillonarias diseñadas para derrocar a terroristas y otras amenazas de seguridad nacional, contra él, un niño adolescente. Y todo esto para llegar a su madre.

Desde hace dos años, los teléfonos de Carmen y Emilio Aristegui fueron vigilados por una sofisticada herramienta de hackeo llamada Pegasus, en un gran escándalo de vigilancia que acaba de ser revelado hace algunos meses. Los expertos forenses que investigan las herramientas en cuestión, dicen que la agresividad de la campaña en México es diferente a cualquier cosa que hayan visto. Y mientras que los objetivos vigilados incluyen a muchas figuras de los medios mexicanos, científicos del gobierno e investigadores internacionales de derechos humanos, cada uno de ellos, unido por desafíos que han expuesto públicamente a la administración del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, parece que a nadie le ha ido peor que a Emilio y su madre.

Un estudio de sus teléfonos reveló que cada uno de ellos fue atacado decenas de veces con mensajes hechos a la medida para hacerlos clickear, incluso cuando Emilio, que tenía 16 años cuando los ataques comenzaron, estaba asistiendo a la escuela secundaria en los Estados Unidos.

En una entrevista con The Intercept, Aristegui calificó los ataques como “siniestros.” Al vigilar a su familia con herramientas diseñadas para combatir el terror y el crimen, Aristegui dijo a The Intercept que el gobierno mexicano está tratando a sus críticos como “enemigos de Estado.” Ella está exigiendo respuestas no sólo como periodista, sino también como madre.

“¿Para qué querían saber de mi hijo Emilio?” – preguntó Aristegui. “¿Para qué el gobierno de Enrique Peña Nieto quería conocer las amistades, las comunicaciones, las fotografías, qué hace, qué dice, en tiempo real? Porque eso es Pegasus. Que tú estás con alguien y te están escuchando. Tu estás hablando, viendo, o haciendo algo con alguien en tu casa, en un café en donde quieras y están ahí, escuchando y viendo todo lo que haces. Todo lo que haces en tu recamara, en tu regadera, en la cocina, en tu oficina, con tus amigos, con quien quieras, es siniestro. Y es más siniestro aún, si se hace en contra de un joven adolescente.”

La historia de cómo Aristegui y su hijo fueron envueltos en un escándalo de vigilancia extrema, enfatiza la situación que cada vez se hace más grave para los periodistas en México — una nación donde los asesinatos de periodistas no se resuelven — y refleja el peligro que representa la utilización de equipos de espionaje privado en el mercado, en democracias débiles con tendencia al autoritarismo.

En entrevistas con The Intercept — las primeras de Emilio con un medio de comunicación — la familia Aristegui nos describe cómo comenzaron los ataques; nos hablan acerca de la tolerancia a la disidencia en México, y cómo es que la familia planea seguir adelante. Los hackeos que experimentaron están respaldados por una serie de informes recientes publicados por Citizen Lab, un equipo de investigación forense en la Escuela Munk de Asuntos Globales de la Universidad de Toronto, en colaboración con un equipo de ONGs mexicanas, incluyendo R3D, Social Tic y el Artículo 19. Los informes forenses han sido mejorados por historias de colección publicadas por la oficinas del New York Times de la Ciudad de México.

Hasta la fecha no hay evidencia definitiva que vincule concretamente al gobierno mexicano con los hackeos, aunque los expertos de Citizen Lab han dicho que la información forense que han recopilado y que apunta a la participación del gobierno es “tan buena como se puede.” El New York Times informó que “desde 2011, por lo menos tres agencias federales mexicanas han comprado cerca de 80 millones de dólares de software espía” de NSO Group, la compañía israelí que fabrica Pegasus. La empresa insiste que sus productos sólo se venden a los gobiernos, y el uso de tecnologías invasivas contra activistas y opositores políticos sería ilegal bajo la ley mexicana.

Desde el punto de vista de Aristegui, no hay duda de dónde reside la responsabilidad. “El gobierno mexicano es el responsable final de todo esto, porque Pegasus, es un sistema israelí que sólo se vende a los gobiernos. Y el gobierno mexicano ha adquirido Pegasus y otros sistemas de espionaje. Y entonces nosotros no tenemos más que decir, que el gobierno mexicano es el responsable de este espionaje,” dijo. “El gobierno mexicano tiene que explicar claramente por qué y para qué utilizó esos sistemas de espionaje, con dinero público que se pagaron, para espiar a periodistas, al hijo de una periodista, y defensores de derechos humanos.”

Sin embargo, tiene poca fe en que el gobierno llevará a cabo una investigación creíble sobre sí mismo. “Por eso los que somos afectados por esta situación y las personas que están preocupadas por el tema, estamos pidiendo que haya una investigación independiente del gobierno mexicano,” dijo, “que incluya, de preferencia, expertos internacionales. Una investigación que sí logre descubrir y sancionar las conductas que están detrás de Pegasus.”

Mexican journalist Carmen Aristegui speaks during an interview with AFP about the New York Times article "Using Texts as Lures, Government Spyware Targets Mexican Journalists and Their Families", in Mexico City on June 22, 2017.Mexican prosecutors said Wednesday they have opened an investigation into allegations the government spied on leading journalists, human rights activists and anti-corruption campaigners. / AFP PHOTO / BERNARDO MONTOYA (Photo credit should read BERNARDO MONTOYA/AFP/Getty Images)

La periodista Carmen Aristegui habla en la Cuidad de México en junio, 2017.

Photo: Bernardo Montoya/AFP/Getty Images

Según Aristegui y los expertos forenses que examinan su caso, los problemas de la periodista veterana comenzaron después de que su página web, Aristegui Noticias, publicara una importante historia en noviembre de 2014 revelando que la esposa del presidente Peña Nieto, Angélica Rivera, había recibido un contrato de bienes raíces por parte de un contratista cercano a su esposo, abriendo el camino para la compra de una casa de 7 millones de dólares, fuera del presupuesto de la familia. “Esa casa que está ubicada en una de las zonas más lujosas de México, pues estaba a nombre de un contratista, de un empresario amigo del presidente, que tenía el registro legal de este domicilio que el presidente y su familia ocupaban,” explicó Aristegui. El llamado escándalo de la Casa Blanca finalmente obligó a la primera dama a renunciar a la propiedad y, dos años después, el propio presidente ofreció una disculpa. Aunque este hecho estuvo lejos de rendir cuentas oficiales, fue un logro, pero tuvo un precio. “Esa investigación periodística nos costó a los periodistas que hicimos ese trabajo, que nos echaran de la radio mexicana,” dijo Aristegui. En los siguientes meses, la oficina de Aristegui fue despedazada y ella fue atacada con una serie de demandas, incluyendo una que la acusaba de “uso excesivo de la libertad de expresión.”

“Se ha intentado aniquilar nuestro trabajo a través de la censura, a través de juicios en nuestra contra, a través de agresiones como un allanamiento a este lugar donde tú estás,” dijo Aristegui a The Intercept.

A raíz de lo sucedido de la Casa Blanca, Aristegui comenzó a recibir misteriosos mensajes de texto en su teléfono personal. El primero llegó el 12 de enero de 2015, dos meses después de que la historia de la Casa Blanca se publicara. El mensaje le informó a Aristegui que su “mensaje anterior no fue enviado” y proporcionó un enlace. Más de dos docenas de mensajes le llegarían durante el próximo año y medio. El contenido varió y evolucionó con el tiempo. Varios de los primeros mensajes reflejaban las conocidas suplantaciones de identidad (reclamaciones sobre saldos vencidos en varias cuentas), pero pronto se volvieron más específicos. Un mensaje, recibido en julio de 2015, informó que Anonymous había anunciado planes para hackear el sitio web de Aristegui, y proporcionó un enlace para más información. Otro pretendía venir de la Embajada de los Estados Unidos, diciéndole a Aristegui que había un problema con su visa.

Aristegui hizo todo lo posible por ignorar los enlaces dudosos que llenaban su bandeja de entrada. “En un primer momento, yo dije, y consulté a personas que me dijeron: es un sistema que se mete en tu teléfono, la recomendación es simplemente que no lo abras y ya. No lo abras y no le hagas caso y que el asunto siga. Y así lo hicimos en un primer momento,” declaró Aristegui. Pero los mensajes seguían llegando, y en marzo de 2016, quien los enviaba, giró su atención al hijo de Aristegui, Emilio, que asistía a la escuela secundaria en Massachusetts. El primer mensaje que Emilio recibió estaba hecho para captar su atención: un enlace a un sitio de noticias informando que la presidencia estaba considerando encarcelar a periodistas involucrados en el reporte de la Casa Blanca. Otros parecían venir de amigos preguntando si Emilio había cambiado sus cuentas de Facebook y Twitter. Al igual que su madre, Emilio recibió un mensaje falso de la Embajada de los Estados Unidos sobre su visa — una posible violación de la ley de los Estados Unidos considerando el estatus de Emilio como estudiante, estudiando legalmente en los Estados Unidos en ese momento.

Para Emilio, el ataque electrónico fue desconcertante. “Es una situación en la que uno se encuentra como adolescente, en la cual, no puedes realmente tomar mucha acción porque es algo a lo que alguien no está acostumbrado. No creces para saber qué hacer, no hay realmente una enseñanza que alguien te pueda dar al respecto de la situación,” dijo Emilio. “Sigo en shock.” Aunque inicialmente trató de ignorarlos, Emilio describió los mensajes que recibió como “diabólicos” en su diseño, atrayéndolo con “información de quién soy, en qué estoy interesado, con quién me relaciono, ya perfectamente hechos para tratar de convencerme a mí de hacer click, y bueno, que mi teléfono sea intervenido por Pegasus.”

Para el verano de 2016, los atacantes que perseguían a la familia Aristegui volvieron a cambiar sus tácticas, alternando entre madre e hijo con nuevos mensajes en diferentes días. “Emilio y yo recibimos muchísimos mensajes de este tipo,” dijo Aristegui. “Había mucha intención de meterse en nuestras conversaciones privadas.”

The explanation on how an espionage tool infects mobile phones is seen during a journalists' press conference in Mexico City on June 19, 2017, on an article published by the New York Times: "Using Texts as Lures, Government Spyware Targets Mexican Journalists and Their Families". / AFP PHOTO / ALFREDO ESTRELLA        (Photo credit should read ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images)

Una presentación sobre el funcionamiento del software Pegasus en una conferencia de prensa en Ciudad de México en junio, 2017.

Photo: Alfredo Estrella/AFP/Getty Images

Aunque para Aristegui era evidente que algo estaba ocurriendo, no le fue posible comprender a mayor profundidad lo que estaba sucediendo, sino hasta principios de este año, cuando los investigadores de Citizen Lab publicaron un informe revelando que un destacado científico que trabajaba con el Instituto Nacional de Salud Pública del gobierno mexicano, así como dos directores de ONGs, habían sido observados por una sofisticada tecnología de vigilancia, comercializada exclusivamente a los gobiernos. Cada uno de ellos había estado involucrado en una campaña para apoyar un impuesto sobre las bebidas azucaradas — un tema que los expertos en salud pública consideran crítico, dado el aumento de las tasas de obesidad y enfermedades relacionadas a ello en México. Los esfuerzos por elevar los impuestos al refresco en México se han logrado con un intenso retroceso político y corporativo, con situaciones tan extremas como que el CEO de Coca Cola haya llamado personalmente al presidente Peña Nieto para solicitar su apoyo para oponerse a un impuesto.

Citizen Lab había investigado previamente un caso similar en los Emiratos Árabes Unidos, en el que el teléfono celular de un activista fue hackeado con un software espía de alta calidad, exclusivo del gobierno. Citizen Lab determinó que la compañía israelí secreta NSO Group era responsable de la tecnología que permitía el hackeo del teléfono del activista, y parecía que la misma herramienta funcionaba en México.

Anunciándose como “un líder en la guerra cibernética,” NSO ha insistido que sus herramientas de vigilancia están estrictamente diseñadas para su uso por “agencias gubernamentales autorizadas,” como un medio para combatir el “terror y el crimen.” El producto que hizo a NSO famoso, a pesar de los esfuerzos de la compañía por mantener un perfil bajo, es Pegasus, una herramienta diseñada para permitir que el gobierno obtenga acceso remoto a los teléfonos celulares engañando a las personas para hacer clic en vínculos que exponen el sistema operativo de sus teléfonos. Descrito por Forbes como el “kit de espionaje móvil más invasivo del mundo,” Pegasus permite a los clientes de NSO, un acceso virtualmente irrestricto y en tiempo real a las características más sensibles del teléfono, incluyendo micrófono, cámara, mensajes de texto y lista de contactos.

Si bien la empresa es israelí, NSO mantiene lazos significativos con los Estados Unidos. Francisco Partners Management LLC, una firma estadounidense de capital privado, compró la compañía por 120 millones de dólares en 2014 (según se informa, NSO ahora está a la venta, con un precio superior a los mil millones de dólares). La compañía, que operaba bajo un nombre diferente, pagó previamente al ex consejero de seguridad nacional de la administración de Trump, Michael Flynn, más de 40,000 dólares para trabajar como miembro del consejo asesor.

Después de que Citizen Lab publicara su informe en febrero, concluyendo que la misma tecnología de Pegasus detectada en el caso de los EAU había sido usada contra los activistas de impuestos de refresco en México, Aristegui se puso en contacto con los investigadores forenses y les entregó los mensajes que ella y Emilio habían recibido. Las sospechas de los Aristegui fueron confirmadas — ellos también habían sido atacados con el software espía de Pegasus. Y no eran los únicos.

Civil society activists and journalists pretend to turn themselves in during a protest against alleged government spying on the media and human rights defenders, outside the attorney general's office in Mexico City on June 23, 2017. Mexican prosecutors said Wednesday they have opened an investigation into allegations the government spied on leading journalists, human rights activists and anti-corruption campaigners. / AFP PHOTO / ALFREDO ESTRELLA (Photo credit should read ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images)

Activistas y periodistas participan en una manifestación contra el espionaje en Ciudad de México en junio, 2017.

Photo: Alfredo Estrella/AFP/Getty Images

En un informe publicado en junio, Citizen Lab reveló que descubrió “más de 76 mensajes con enlaces al marco de explotación de NSO Group.” Los individuos afectados fueron dos de los colegas de Aristegui, Rafael Cabrera y Sebastián Barragán, y Carlos Loret de Mola, un conocido conductor y periodista de investigación mexicano. En el momento en que empezó a recibir mensajes inquietantes, de Mola estaba reportando un posible encubrimiento por parte del gobierno federal, derivado de una operación en la que las fuerzas de seguridad mexicanas mataron a 42 presuntos narcotraficantes. Las pruebas forenses examinadas por Citizen Lab también apuntaban los intentos de hackear los teléfonos de los periodistas Salvador Camarena y Daniel Lizárraga. De acuerdo con Citizen Lab, en el momento en que los dos periodistas comenzaron a recibir mensajes de texto vinculados a Pegasus, estaban “investigando pruebas de posesiones en alta mar relacionadas con funcionarios corruptos y personas prominentes en México.”

En un caso particularmente escalofriante, Citizen Lab también descubrió evidencia de que los defensores legales del Centro Miguel Agustín Pro Juárez habían sido golpeados con vínculos de explotación NSO. Por más de dos años, el Centro PRODH, como es conocido en México, ha brindado apoyo legal a los padres de estudiantes de una escuela de enseñanza rural llamada Ayotzinapa. En septiembre de 2014, una contingencia de más de 100 estudiantes de la escuela, la mayoría de ellos estudiantes de primer año, fue blanco de un ataque coordinado por las fuerzas de seguridad mexicanas. Seis estudiantes fueron asesinados en el asalto, dos docenas resultaron heridas y 43 desaparecieron a manos de la policía local — un pedazo de hueso perteneciente a uno de los estudiantes fue recuperado más tarde. Al resto de los estudiantes no se les ha visto desde entonces. El crimen sacudió a México, y en 2015, The Intercept publicó los resultados de la investigación de siete meses sobre la desaparición de los estudiantes, lo que reveló evidentes lagunas en la investigación del gobierno sobre el caso. En medio de protestas públicas que incluyeron algunas masivas en todo el país, el gobierno mexicano invitó a un equipo de investigadores independientes de derechos humanos altamente respetados, nombrados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a investigar el crimen. Este mes, el Citizen Lab reveló que los expertos independientes también fueron atacados con el software espía NSO; los ataques comenzaron poco después de que el equipo “criticó al gobierno mexicano por injerencia en su investigación mientras preparaban su informe final” sobre la desaparición de los estudiantes.

Aristegui se apresura a poner el calvario de su familia en el contexto apropiado. “Tristemente, hay casos peores que los nuestros,” dijo. “México se ha convertido en uno de los países de más alto riesgo para ejercer la tarea periodística. México tiene en los últimos 15 años una lista de más de 100 muertos; 100 periodistas muertos.”

Sin embargo, Aristegui argumentó que las fuerzas que se apuntaron contra ella y otros, revelan verdades incómodas sobre el estado de la democracia en México. “Yo creo que el gobierno mexicano tiene un talante autoritario,” explicó. “El gobierno mexicano de Peña Nieto no es un gobierno de definición democrática. Sus conductas, y el espionaje es una de ellas, sus expresiones, y en muchos sentidos los resultados de este gobierno son producto de un talante autoritario, no de un ejercicio democrático real. Un talante democrático incluye el respeto a la disidencia, a la oposición o a la tarea de los periodistas críticos.”

“Si no, ¿de qué democracia estamos hablando?” preguntó Aristegui.

Emilio, por su parte, sigue tendiendo dificultades para creer que todo el calvario haya ocurrido. La secundaria es lo suficientemente extraña como para aparte agregarle historias de noticias internacionales que informan que tú y tu madre fueron el blanco de una campaña de hackeo patrocinada por el Estado. Eso lleva las cosas a otro nivel. “Con mis amigos hay indignación,” dijo. “Porque pues al final de cuentas, si yo soy intervenido, pues ellos también. Por nuestra edad, nosotros también lo hemos tomado como una sorpresa. No es algo que esperes que te vaya a pasar,” Emilio añadió. “La reacción de ellos también es algo inesperada porque, ¿o lo tomas con humor o lo tomas con seriedad, o los dos? Porque es una cosa muy fuerte, espiar a un menor edad, y en especial que reside en el extranjero. Pues mis amigos sí lo han visto como algo también muy raro.”

Tan intensa como fue la experiencia, Emilio sigue siendo un firme partidario del trabajo de su madre. “Yo personalmente admiro muchísimo a mi mamá, es una líder para mí, es la persona más importante en mi vida y yo estoy más que orgulloso del trabajo que hace, y pues ojalá y le pueda seguir los pasos también. Yo creo que ella debería de seguir trabajando como lo está haciendo porque me parece que le está haciendo muy bien a este país que lo necesita mucho,” dijo.